MARTIN PALACIO GAMBOA

Textos de “Lecciones de Antropofagia”
(Editorial El Suri Porfiado, 2009, Buenos Aires)



II

Por si una súbita deglución
de doctrinas con un tacto de doncella  
se elimina, dejemos el día claro.
Nada de zapatos y pestañas a la hora del café:
ayer mataron la liebre y borraron del calendario
un marzo que nunca vino.

Por si el eterno retorno
se queda atascado frente al palomar de muertos
sin lápidas ni sombras, dejemos la madrugada.
En ese instante el aire de los recuerdos
regresará a la escuela, o tirarán aserrín
sobre la cama que jamás usaré para el descenso.

Por si la extensión del cuerpo
dimanara dinamitas o cardos que nos trituren
la mortaja y sus racimos, mejor dejemos los llantos.
Hoy habremos de asistir a mi textura de mandrágora
                                                    -o Eurídice-
frente a este despalabro turbio,
inconsecuente.





V


El germen de este ocaso
se siente más adherido a la madera
y al pentagrama
que al espacio fáctico del suelo,
a su monovalencia tardía de resinas y tentáculos.

El goce de sentirse causado
anda a traspiés de niebla
con un ágape sin turno, punta por punta
las formas en que utilizas tu disfraz a la escala del poniente.

La pregunta es transparencia de lo oscuro.
Todo es remisión que exige
la uña del demiurgo,
acto y potencia. Ya sea con la casa derribada
o con la verbatura escindida de Lomismo.





V
                                                                               a Gustavo Espinosa

Tengo, descarnándose a destiempo, la ley del resplandor afuera que los viernes dirimirán entre alambres de púa y muñecas de porcelana; tengo también un talón que desdibuja el paso que conduce a Esciros, allá como quien sueña con caballos de madera;
almanaques y transatlánticos virtuales dejan este olor a plástico quemado, prendiéndosenos como un jirón de crujidos descompuestos;
ninguno invocaría el diluvio ante el Cebollatí o el Barrio Samuel adentro: la redención existe en cuanto la escarcha exista, en cuanto amenace el plomo tenso de una .tachadura simultánea, así deambulemos solos bajo el ritmo de una cumbia tecno o nos precipitemos rumbo a esa suela feraz y su daath de tristísima hojarasca;
sobre los dogmas de un acto cualquiera y la digitación inaceptable de un carbunclo, trascendemos cualquier tsunami de galactofagias compulsivas mientras se enferma de ectoplasmosis el cuarto rostro de mi .cuarta cara.
Por eso no se asusten si un fósforo consume otras exequias y chasquea su hocico  radiactivo, alargándome sus flancos;
no se asusten si acelero los espejos, rascándome carnívoro.
Poco importa sus biselaciones y el punzado si mis dientes denuncian la cuchara en que me sirvo; cuando una bolsa de arpillera se exima de ser la delicia obligatoria o nos proponga su aspereza de forúnculo kantiano, saldré de los bestiarios y propagaré un catálogo de páncreas y tornillos;
catástrofes celestes saciarán su metro cúbico de estuarios, redactándose igualmente la exaltación de las bisagras si piensan dejar el trazo, sin saber que el mar acepta hasta donde sea posible la enumeración de sus demiurgos.
Obsérvenme tranquilos, asúmanme que soy lo que un lenguaje construyó sobre su ausencia: escatológico al fin, devengo indecidible, resquebrajando el magma carcelario de las morgues;
claro está que, entre dos pausas, los lirios recuperan su estatura y que nadie emprende la ascensión cauterizándose dos tibias. La espera de quien roza cañerías en desuso (pues, según dicen los putos, es fácil descubrir su crasa teología en dos fascículos) puntualiza la merma de una tenia, su ceniza de gripes envejecidamente bolivianas;
los perros ladran calle abajo, haciéndonos perder este gemido astral de treinta pesos; los diccionarios destejen nuestra iconografía, refractarios a esta arborescencia de sí mismos, de túneles, eclipses; un saurio samurai invade el habla. Preferiría salir al cruce de la errancia, tantear los quicios de la transubstanciación, decantar en la redoma el nadir homúnculo de la contingencia;
la muerte del sujeto ha muerto. Lo advierten las terrazas que no conocen los mormazos de noviembre: los retrovisores buscan congelar su instancia, porque el Génesis se quedó en abreviatura de atopías; los grabados de viejos textos demonológicos darán razón de lo disperso, de esta llovizna de coágulos negruzcos. Bela Lugosi .ha muerto, espantando las últimas rendijas de las cloacas.




Textos inéditos



II

Nunca salí del tres.
Jamás podría haber salido de la máquina del mundo.
Los límites de una botella descansan sobre mi cornamenta geminianísima
ni bien la avenida de Mayo se llena de cráneos fosforescentes, esperando que el asfalto deje de acumular los pasos de esa sangre que se filtra por las baldosas de los  bares.
La máquina del mundo es el ternario
                                      sin várices
                                      sin samplers
                                      sin el sargento García

una lluvia de containers por la que la santísima virgen
decide chupártela entera a tan sólo veinte mangos.
Es la máquina del mundo.
La celebración de los planetas,
lo crudo y lo cocido.
Transmito mis aullidos con la felicidad de quien siente un par de uñas de gato raspándole la garganta.
La cerrazón es mi casa y los omóplatos crujen cuando recuerdo a John Milton vagando entre seccionales con la cara cruzada por un tajo.
Detrás de cada piedra, de cada jacarandá, se encuentra un retrovisor de mira telescópica.
Es la máquina del mundo.
La expulsión llega a su fin, los clavos no logran diferenciarse de las enciclopedias, así como tampoco la rueda de los mármoles más sucios.
Estudiantes universitarias protagonizan su hentai para tener con qué agasajar al gran dios Pan –yo mismo escucho el ruido de sus cascos entre las bocinas y los bombos de las manifestaciones.

Nunca salí del tres,
siempre estuve a la sombra con mi aliento a whisky o líquido de freno, pero esta vez la luz abre su signo y me re-escribe.
Yo soy el gran dios Pan,
soy el gran fauno
y la gran máquina del mundo ahora es un hongo.




III

Los focos de la Texaco no siempre reavivan mi condición de hormonauta,
ya sea que me encuentre sumergido en un mar con botes de durazno,
ya sea en el sonido a lluvia de otro siglo cuando la misma cae sobre los viejos tanques de agrotóxico.
A veces me tiento con poder balar como una oveja,
pero mi condición de híbrido sólo me permite tocar una lira pelotudamente griega y soñar con una Arcadia disuelta en sobrecitos de jugo Clight.

Por mis venas no sólo corren ciertas imágenes de películas bizarras, también corre el virus de una inminente apocatástasis, las cantimploras del espacio-tiempo alimentando santos de relámpago festivo.

No existe ceibo o quebracho sobre el que no restriegue mi cabeza.
Mi desnudez presenta un rojo resplandor de posibles alusiones cabalísticas, y la contención del Todo absoluto implícito en mi baile se desata como el nudo de un envoltorio de rotisería.

Tribus urbanas desmenuzan su propia pulpa,
sueltan sustancias de estrechas terminaciones eclesiásticas.
Ellas invocan una y otra vez la lava espesa del desborde y su albedrío,
un martillo que astilla los ventanales y las costras de silicio que acallan las pulsiones a fuerza de movimientos necrofílicos.
Oh, sí, nena,
no sé si vale la pena el hecho de que sólo esté ese gusto de cerveza en lata y el crujido de unas papas sabor jamón mediterráneo.

Por momentos el mundo es tan sólo una neblina.
Un derrame de gasoil o coca-cola sobre la mesa de la cocina dibuja las caras múltiples del ser, la casa donde habito y cojo con el desenfreno feliz de un lemming tupido a Viagra.





V

queee mááás puuueeedeee peeediiirseee,
aaanteee eeestaaa siiituuuaaaciiióóón deee maaal deeesgaaarrooo,
queee eeel preeeluuudiiiooo deee uuun peeeriiiooodooo liiinfaaal
eeen eeel queee coooiiinciiidaaan hiiistóóóliiisiiis eee hiiistooogéééneeesiiis
pooor eeel queee tooodooo cuuueeerpooo seee cooonviiieeerteee
eeen caaataaacliiismooo





XVIII

Plagiomenaje paratextual a Humberto Gesinger cuyo manejo
del oxímoron responde a una experiencia escritural  dispersa que atestigua una cierta vivencialidad posmosáurica de la nada. Para transmitir al receptor esta cualidad a través de un instrumento a todas luces incompatibles con tal empresa, Gesinger desconceptualiza el lenguaje y desmiente su natural capacidad de alusión. Según la estilística, la íntima unión sintáctica de dos conceptos o enunciados contradictorios podría significar un deseo de totalidad, de complementariedad, una racionalidad más profunda en la que se abarca la completud de lo existente. Sin embargo, no es esto lo que sucede en nuestro caso: en la realidad planteada por Gesinger no existe una dialéctica de la completud. Los opuestos conviven en el mismo instante y representan, no un nirvana, sino una aberración semejante al Minotauro. Aunque dos naturalezas contradictorias se conjuguen, el resultado no es el de una síntesis acabada, sino la anulación de sentido de ambas: no se busca la imbricación sino “para hacer sentir mejor que hay algo que es impresentable”, al decir de Baudrillard. He aquí el texto:



“Caníbal vegetariano devora planta carnívora”



 
XIX

esa instancia en que las puertas de los comercios dan paso a los leones
se asemeja a cuando, acomodándote el bretel, diste con la explosión de los grandes tubos catódicos que hacían de sostén a nuestras casas;
bauhaus ya no era un viejo grupo inglés de los setenta, sino la actualización de un mito por el que volverías a trasmigrar en pájaro, en begonia,
en un guerrero de místicos sigilos para el momento en que la saliva supiera a amianto y a salmuera.
el hecho estriba en que tras ese mal diluvio de enanas blancas en picada,
no hay otra apostasía que la de una botella rota tirada entre los pastos, allí donde te pusiste a contemplar el mundo y las vigas del último edificio en pie.
supe que, entre mis costillas, los lobos se acunarían ante el radiólogo y sus placas;
supe que tú eras la rosa y el patíbulo en la anticipación de este edén apenas consagrado.
supe que tú y yo éramos el borde imaginario de las cosas que piden algún nombre en lengua de gigante.





XX

ocurre que la noción de error o vértebra  desplaza  una  convulsión  de lo concreto.  ocurre E  ¿qué cosa  es la poesia (que en  nuestra vulgar  gaya sciençia  llamamos)  si non  un         que no existe otra amalgama que la del helecho y la piel seca de las víboras, lo que se fingimiento de cosas útiles, cubiertas ó veladas con muy fermosa cobertura, compuestas desaparece, la abolición de un pliegue que acordeona la metátesis de un cielo y otro distinguidas é scandidas por cierto cuento, pesso é medida? E ciertamente, muy virtuoso cielo cuando nada más importe; ocurre que el decir es una pústula; ocurre que cualquier Señor, yerran aquellos que penssar quieren ó decir que solamente las tales cosas        témpano o ladrillo es una inconsistencia que se escurre ante la incandescencia viral de lo consistan ó tiendan á cosas vanas é lasçivas; que bien como los fructiferos huertos pensable; ocurre que la consciencia es un pez de branquia rota, el punto omega por el abundan e dan convinientes fructos para todos los tiempos del año, asy los omes bien      que las sillas remitan a su condición de nuevos crucifijos. ocurre que no hay más óxido y nasçidos é dottos, á quien estas sciençias de arriba son infusas, usan d'aquellas é de tal cerrojo que el deseo
exerçiçio segun las edades.






Martín Palacio Gamboa
Nacido en 1977, Montevideo, Uruguay. Poeta, profesor de literatura y lengua española, traductor y músico, publicó diversos artículos de crítica literaria y artes plásticas en periódicos como Agulha (Brasil), Antroposmoderno (Argentina) y Hermes Criollo (Uruguay). Entre sus obras, Clemente Padín: la disección irónica del Lenguaje (conjunto de ensayos “Clemente Padín”. Edición 11 del premio Figari 2006), Lecciones de antropofagia (2009), Los Trazos de Pandora. Otras voces, otros territorios. Ensayos sobre las distintas vertientes de la poesía brasileña contemporánea (editado en 2010 en formato digital por el proyecto Banda Hispânica a cargo del poeta Floriano Martins - Fortaleza, Ceará, Brasil). Tiene en preparación el poemario "Tunguska" y el libro de ensayos "Las estrategias de lo refractario. Una aproximación a la obra poética de Clemente Padín".http://freeporto.wordpress.com/wp-includes/js/tinymce/plugins/wordpress/img/trans.gif

3 comentarios:

  1. ¿"Chupártela" "Viagra"? Buenos intentos, algo hay pero ya lei demasiados contemporaneos de este estilo volado al vuelo, debe ser mi culpa.
    Romy (La Plata)

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  2. A mí me sigue resultando original. Por lo menos, el encare de este pibe en lo que respecta el rigor compositivo y temático no se parece en nada a lo que generalmente se ve por estos lados.

    Tatiana - Buenos Aires, cap.fed.

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  3. y yo que sé, juzgar la calidad de un texto por palabras sueltas y fuera de contexto suena más a bardeo de cuarta que a otra cosa... más allá de si está bueno o no lo que hace este chabón, condenarlo por usar determinadas palabras es condenarlo por usar cualquier palabra, pues qué palabra no se encuentra sucia o desgastada de todas las que usamos?

    federico losada - capital

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